LA VOLUNTAD FUERTE REQUIERE UNA INVERSIÓN FUERTE
Si los costes reales son neutros en cifras netas, la diferencia en cómo tratamos a las personas es, simplemente, cuestión de mentalidad
Y, debido a esa mentalidad alternativa, Apple disfruta de índices de retención de entre el 80 y el 90%48, cuando la media en el resto de las empresas de venta al detalle es del 20 al 30%.
Donde un líder de mentalidad finita ve a las personas como un coste que se debe gestionar, los líderes de mentalidad infinita como Angela Ahrendts prefieren considerar que los empleados son seres humanos de valor incalculable y piezas de un engranaje.

Invertir en seres humanos va más allá de pagarles bien y ofrecerles un lugar fantástico en el que trabajar. También significa tratarlos bien como seres humanos.

Comprender que ellos, como todas las personas, tienen ambiciones y temores, ideas y opiniones y, en última instancia, quieren sentir que importan.

Esto puede parecer un riesgo para muchos líderes de mentalidad finita. Desembolsar todo ese dinero extra con la «esperanza» de que funcione.

Los sueldos más bajos y los beneficios menores son, simplemente, más fáciles de calcular. Sin embargo, puede que valga la pena arriesgarse.

Cuando las empresas hacen que su personal sienta que importa, la gente se une de una forma que el dinero no puede comprar.

Muchas veces, un líder de mentalidad finita cree que la fuente de voluntad tiene motivos externos (paquetes de remuneración, incentivos, beneficios adicionales o competencia interna).

Ojalá eso fuera todo lo necesario para inspirar a un ser humano. El dinero puede comprar muchas cosas. De hecho, podemos motivar a las personas con dinero; podemos pagarles para que trabajen duro.

Pero el dinero no puede comprar la verdadera voluntad. La diferencia entre una organización en la que las personas son recompensadas extrínsecamente para darlo todo y otra en la que la gente está motivada intrínsecamente para hacerlo es que una está llena de mercenarios y otra, llena de devotos.

Los mercenarios se esfuerzan solamente mientras les sigamos pagando a precio de oro. Hay poca lealtad a la empresa o al equipo.

No hay un sentido real de pertenencia ni nadie siente que contribuya a algo más grande que sí mismo. No es probable que los mercenarios se sacrifiquen por amor y devoción.

En cambio, los devotos están encantados de formar parte de la organización. Aunque puede que se hagan ricos haciendo lo que hacen, no lo hacen por eso, sino porque creen en la Causa Justa.

Una razón que explica que las empresas predispuestas a la voluntad les irá mejor al final en el Juego Infinito tiene que ver con lo que podemos controlar.

Aunque tengamos control sobre cómo gastamos o gestionamos nuestro dinero, tenemos mucho menos control sobre cómo lo ganamos.
La política, los ciclos económicos, las fluctuaciones del mercado, las acciones de otros jugadores, las preferencias de los clientes, los avances tecnológicos, el clima y otras fuerzas mayores pueden causar estragos en nuestra capacidad de amasar recursos.
Los líderes pueden ejercer solo un control limitado sobre estas cosas. Sin embargo, los líderes tienen un control casi total sobre la fuente de la voluntad.

A diferencia de los recursos, que, en última instancia, son limitados, podemos generar una oferta ilimitada de voluntad.

Por esta razón, las organizaciones que optan por operar con una predisposición a la voluntad, al final son más resilientes que las que dan prioridad a los recursos.

Cuando lleguen tiempos difíciles (que siempre llegan), en las empresas que priorizan la voluntad, es mucho más probable que el personal se una para protegerse los unos a los otros y también a la empresa, los recursos y los líderes

No porque les digan que lo tienen que hacer, sino porque lo deciden así. Eso es lo que ocurre cuando la voluntad de las personas es fuerte.
