CAPITULO 6 EL JUEGO INFINITO PRIMERA PARTE

¿Cómo creo un entorno en el que mi gente pueda trabajar y dar lo mejor de sí de forma natural?

En cualquier juego, siempre hay dos condiciones necesarias para jugar: voluntad y recursos. Los recursos son tangibles y fáciles de medir.

Cuando hablamos de recursos, normalmente nos referimos a dinero. Y, en función de las preferencias o los estándares del día de la organización, dichos recursos se pueden contar de múltiples formas: ingresos, beneficio, EBITDA, beneficio por acción, flujo de caja, capital de riesgo, capital privado, precio de acción, etcétera.

En general, los recursos proceden de fuentes externas, como clientes o inversores, y representan la suma de todos los indicadores financieros que contribuyen a la salud de la organización.

En cambio, la voluntad es intangible y más difícil de medir. Cuando hablamos de voluntad, nos referimos a la sensación que tiene una persona al ir al trabajo.

Comprende, por ejemplo, moral, motivación, inspiración, deseo de implicarse y deseo de ofrecer un esfuerzo opcional. En general, la voluntad procede de fuentes internas como la calidad del liderazgo y la claridad y la fuerza de la Causa Justa.

La voluntad representa la suma de todos los elementos humanos que contribuyen a la salud de la organización.

Todos los líderes, tanto si operan con una mentalidad finita como infinita, saben que los recursos son esenciales. Y todos estos líderes están de acuerdo en que la voluntad también es clave.

Los líderes de mentalidad finita tienden a mostrar una predisposición por los resultados. En consecuencia, a menudo optan por opciones que demuestran resultados a corto plazo, aunque, al hacerlo, «lamentablemente» sea a costa de la gente.

Son líderes que por ejemplo, durante los tiempos difíciles, primero recurrirán a los despidos y a medidas de reducción de costes extremas en lugar de explorar alternativas que puede que no muestren resultados tan inmediatos, aunque puedan tener beneficios a largo plazo.

Si un líder tiene predisposición por los recursos, le resulta mucho más fácil calcular el ahorro inmediato de reducir el 10% de su plantilla al cabo de una semana que escoger una opción en la que el ahorro tarde más en plasmarse en el balance.

En cambio, los líderes de mentalidad infinita se esfuerzan por mirar más allá de la presión financiera del día y dan prioridad a la gente antes que al beneficio tanto como pueden.

En los momentos duros, es menos probable que consideren que su equipo es solo otro gasto que hay que reducir.

Es habitual que tengan la voluntad de explorar otras formas de ahorrar dinero, aunque los resultados tarden más en llegar.

El líder de mentalidad infinita puede preferir furloughs a despidos para ayudar a gestionar los recursos; por ejemplo, exigiendo que cada empleado coja dos o tres semanas de vacaciones no

remuneradas.

Aunque se pida a la gente que se sacrifique y pierda algo de dinero, todo el mundo mantiene su puesto de trabajo. Cuando un grupo comparte un sufrimiento, las personas se unen más.

Por eso, la gente se une después de un desastre natural. Sin embargo, cuando algunos son obligados a soportar una parte desequilibrada de la carga, puede desgarrar a una cultura.

Como tiene la mirada puesta más allá de los tiempos difíciles, a un líder de mentalidad infinita no le importa esperar un trimestre o un año o más para acumular los ahorros si eso significa salvaguardar la voluntad de las personas.

Ese líder comprende que la voluntad de su gente es lo que impulsa el propio esfuerzo, la resolución de problemas, la imaginación y el trabajo en equipo. Todos estos elementos son esenciales para sobrevivir y prosperar en el futuro.

El valor de la voluntad fuerte sobre los recursos, simplemente, no se puede subestimar

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