SER EL MEJOR NO ES UNA CAUSA JUSTA
La declaración de visión o misión actúa como una brújula. Marca el rumbo que seguimos. Sin embargo, como no hay parámetros que indiquen cómo escribir dichas declaraciones, las que hemos señalado más arriba han llegado a ser demasiado habituales.

Son amplias y genéricas, pero no ofrecen prácticamente ningún valor a una empresa que quiera adoptar una mentalidad infinita.

Declaraciones del tipo «ser el mejor» son declaraciones egocéntricas que sitúan a la empresa como el sujeto principal (y, por tanto, beneficiario principal) de su visión.

No ayudan a hacer que la empresa sea relevante para las personas que adquieren sus productos. De hecho, cualquier mención del cliente o cualquier oferta de valor suele aparecer al final de la declaración.
Al poner primero la declaración egocéntrica, dirige a los líderes a centrar sus esfuerzos hacia dentro y no hacia personas reales que quieran comprar el producto.
Y solo porque la gente compre el producto o lo encuentre atractivo no significa que crean en la Causa, ni que sepan cuál es.

Los líderes con una mentalidad finita suelen confundir tener un producto de éxito con tener una empresa fuerte.

Una Causa Justa debería liderar el modelo de negocio, y no al revés.

Cuando una declaración de visión o misión se basa en el producto, puede tener efectos adversos también en la cultura corporativa.

Las empresas que colocan al producto por encima de todo lo demás, algo bastante habitual en las empresas de tecnología o ingeniería, hacen que quienes no son diseñadores de productos ni ingenieros se sientan como ciudadanos de segunda en sus propias empresas (y, a veces, son tratados como tales).

Una organización es más útil si todo el personal, desde contabilidad hasta apoyo técnico o atención al cliente siente que no solo está ahí para dar respuesta a las necesidades de los ingenieros o los desarrolladores de producto.

Esas personas quieren sentirse miembros valiosos del equipo y trabajar juntas para hacer avanzar algo más grande que su producto o ellas mismas.

Los líderes de mentalidad infinita comprenden que «el mejor» no es un estado permanente.

Se esfuerzan por ser «mejores» porque esto sugiere un viaje de mejora constante y nos hace sentir que nos invitan a aportar nuestro talento y nuestra energía para progresar en ese viaje. «Ser mejor que», en el Juego Infinito, es mejor que «ser el mejor».
